Spagnolo y su forma de entender la moda masculina
Paraguas de hombre Spagnolo
El paraguas es el objeto que menos se elige y más se pierde. La mayoría de la gente compra el primero que ve en un quiosco cuando ya está lloviendo, lo usa tres veces y lo tira porque una ráfaga se lo ha dado la vuelta. Con un paraguas bueno eso no pasa, y de hecho es de las pocas compras donde la diferencia entre lo barato y lo bien hecho se nota el primer día.
Los nuestros están pensados como el resto de la casa: para durar años y para que se puedan llevar con un traje sin desafinar.
Largo o plegable
El paraguas largo
El clásico de puño curvo. Es más resistente porque tiene una sola pieza de varillaje, cubre más superficie y viste muchísimo más: con abrigo y traje, un paraguas largo es un complemento, no un trasto. Su inconveniente es evidente: hay que llevarlo en la mano y no cabe en ningún sitio.
El paraguas plegable
El práctico. Cabe en el maletero, en la mochila o en el cajón de la oficina, que es exactamente donde debe estar un paraguas para que sirva de algo. Los de apertura y cierre automático se manejan con una mano, que en una acera con bolsas es la diferencia entre usarlo y no usarlo.
Qué mirar en un paraguas
El varillaje, que es todo
Es lo único que de verdad determina si un paraguas dura. Ocho varillas es el mínimo razonable; a partir de ahí, más varillas reparten mejor la tensión. Y el material importa: la fibra de vidrio flexa y vuelve, el metal barato se dobla y se queda doblado.
El sistema antiviento
Los paraguas antiviento tienen un varillaje que permite que la copa se invierta y vuelva a su sitio sin romperse. No es un extra de marketing: es la diferencia entre un paraguas que sobrevive a una ráfaga y uno que acaba en la papelera.
El puño
Madera para el paraguas largo, que es lo que le da el aire clásico y lo que mejor agarra con la mano mojada. Goma o plástico blando en los plegables. Lo que conviene evitar es el metal desnudo: resbala y en invierno está helado.
Cuántos hacen falta
Dos. Uno plegable que viva permanentemente en el coche o en la oficina y del que uno se olvide, y uno largo para cuando se sale de casa sabiendo que va a llover. El error es tener uno solo: acaba siempre en el sitio donde no estás.
Cómo cuidarlo
El gesto que más vida le da es también el que menos gente hace: dejarlo abierto para que seque antes de plegarlo. Un paraguas guardado mojado oxida el varillaje desde dentro y coge olor a húmedo que ya no se quita.
El resto de piezas pequeñas están en complementos de hombre.
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